Estrategias para Sistematizar la Innovación (Día 2/5)
De la Intención a la Acción
Ayer hablamos de Marie Curie, del descubrimiento científico a la ejecución de la innovación, establecimos las bases: el enfoque en el cliente, Knowledge Management, la escucha activa y la revisión. Hablamos también del Teatro de la Innovación que las empresas están acostumbradas a montar, sobre todo en LATAM, un entorno enfocado al cortoplacismo y al servicio, no a la creación.
Ahora, siendo honestos: muchas empresas tienen “buenas intenciones” al momento de Innovar, tratan de administrar sus portafolios, o al menos sus proyectos, y “escuchar al cliente”, pero, al final, no saben qué hacer con lo que descubren y se encuentran frustrados, considerando los proyectos fallidos como pérdida, sin poder capitalizar el aprendizaje, tanto el adquirido de afuera hacia adentro como el generado en el interior.
Hoy pasaremos de la mera filosofía, de la simple disertación, al motor de ejecución. Vamos a hablar de rutas, misión y responsabilidad.
5. Convierte la Innovación en un Sistema con Rutas Claras de Acción
Dejamos de ver a la innovación como un milagro, algo que ocurre espontáneamente y por suerte, cuando empezamos a tratarla como un proceso, con una ejecución sistematizada y ordenada, con indicadores especializados en ella y claros, medibles. En las organizaciones de alto rendimiento, ninguna idea se queda flotando en el aire esperando “su momento”, el caos creativo es administrado, como una fábrica donde las líneas de producción que generan sólo aprendizaje están presupuestadas y son contabilizadas propiamente. Cada concepto, cada idea, cada cambio de paradigma, por pequeño que sea, debe entrar en un embudo de validación con tres filtros críticos: Necesidad Real, Impacto Real y Viabilidad Real.
Ese enfoque es una evolución práctica de los principios del Lean Startup, popularizado por Eric Ries, pero filtrado a través de la lente de la Consultoría Estratégica, muy utilizada por firmas como IDEO o, a mi parecer muy desvirtuado por McKinsey; para asegurar que la innovación no sea solo "rápida", sino también "estratégica".
Cuando el equipo educado y entrenado, que conoce el camino; desde que nace la idea hasta que se convierte en un prototipo o una mejora de proceso; deja de adivinar, de esperar el “milagro”. La experimentación deja de ser un lujo que podría tener suerte y se convierte en un hábito confiable, estable y sin sorpresas o costos ocultos. Si no tienes un diagrama de flujo para tu procesos de generación de ideas, y la gente lo entiende y lo ha internalizado, no estás innovando, sólo tienes una hermosa lista de deseos.






